Google
 

martes, 11 de septiembre de 2007

Ausencia de mi misma

Desde que tengo memoria siempre me sentí sola, y es curioso como después de dos décadas esa sensación persiste; pero a riesgo de ser malinterpretada, pregunto ¿quién no se sintió solo alguna vez y buscó compañía? ¿quién no pensó en el amor como la salvación fácil e instántanea? esa es la historia de la humanidad, desde sus origenes el ser humano vió util relacionarse para sobrevivir. Tanto ayer, como hoy, nadie quiere quedarse solo, y para esas personas, que el miedo de quedarse a solas con ellos mismos es más fuerte, el amor se les presenta como la mejor oferta, los seduce la idea de la reciprocidad y la seguridad de algo que se vende como eterno, pero que poco amor siente ese que ama para escapar de sus demonios, que falso y que ruin, y por sobre todo, que egoísta es, pero también, que inocente. Y es que a veces tan poco sabemos de uno mismo, porque no es fácil abstraerse de la rutina que nos agobía, entonces no es de extrañar que desconozcamos los motivos reales egoístas que nos mueven a amarnos. Pero si ahora esto que escribo no tiene sentido, lector, cuando llegues a la vejez, verás por vos mismo como la soledad se invitará sola a tu puerta, se sentará en tu mesa, comerá de tu plato y a la noche te abrazará con su frío manto, y la belleza y la juventud se convertirán en un recuerdo tan vago que te preguntarás si existieron alguna vez, y al fin podras juzgar que quienes te amaron por ello alguna vez, poco sabían del amor. Hemos perdido la capacidad de interiorizar lo que se nos vende como amor. Demasiado burdo, soez y abundante para asumirlo. Pero cuando se nos pone el dolor por delante, no te queda más remedio que rendirte y asumirlo. Estoy sola y perdida, pero quiero reir y llorar con vos, y aliviarte y que me alivies esta carga.